La presión por acelerar la entrega de productos digitales se ha consolidado en el desarrollo de software, con lanzamientos apresurados y productos mínimos viables incompletos donde la seguridad informática queda relegada. La acumulación de deuda técnica y la minimización de controles de protección se han vuelto la norma en el proceso, trasladando riesgos a los usuarios y a las organizaciones.
Esta tendencia, que de por sí ya es problemática en el ámbito tecnológico, se está acentuando más desde la irrupción de la inteligencia artificial. La implementación acelerada de agentes autónomos replica las mismas prácticas riesgosas, donde se prioriza el valor rápido, pero no la robustez y seguridad de los desarrollos. Aunque consultoras como McKinsey estiman que la generación de estos sistemas puede ser de 4,4 billones de dólares anuales y Gartner proyecta que para 2030 gran parte de las gestiones corporativas estarán automatizadas, la consecuencia de esta carrera es la vulnerabilidad creciente de los entornos digitales.
"La inteligencia artificial no solo acelera procesos, también amplifica los riesgos."
Sectores Vulnerables en el Entorno Global
Comúnmente se ha interpretado que la seguridad informática es una exigencia exclusiva de instituciones financieras o gubernamentales. Sin embargo, la evidencia muestra lo contrario: la industria más atacada es la manufactura, que concentra alrededor del 26% de los incidentes globales según el informe de X-Force de IBM. La razón principal es que, al contar con protocolos más débiles y sistemas heredados, las empresas manufactureras se convierten en objetivos frecuentes de ataques de ransomware. En estos casos, los atacantes secuestran la infraestructura digital y exigen un pago para restablecerla, conscientes de que el costo de mantener una planta de manufactura inactiva puede superar los 260.000 dólares por hora a nivel mundial.
En segundo lugar, se ubica el sector financiero, con aproximadamente un 22% de los ataques, seguido por el sector salud con cerca del 18%. Ambos concentran información altamente sensible: en el caso de las finanzas, datos monetarios que permiten transferencias y fraudes directos; en el caso de la salud, historiales médicos que son especialmente valorados en mercados ilegales como el dark web.
Ataques por Sector

El Estado de la Ciberseguridad Nacional
Aterrizar estas cifras en el contexto nacional resulta aún más preocupante. De acuerdo con información de la Fiscalía de Ecuador, las denuncias por delitos informáticos muestran una tendencia al alza, se estima que en 2025 se hayan registrado 4.215 casos, lo que representa un incremento del 7,7% respecto a 2024 y confirma un crecimiento sostenido en los últimos años, donde los delitos más comunes corresponden a fraudes electrónicos, phishing y ataques de ransomware.
A esta tendencia se suma lo expuesto por IT Ahora, cuya encuesta sobre el estado de la ciberseguridad reveló que más del 60% de las empresas consultadas reportaron al menos un incidente en el último año. Además, el 45% reconoció no contar con un plan formal de respuesta ante incidentes. En consecuencia, el problema se agrava en un entorno donde la alta gerencia no es que solo prioriza la velocidad de los entregables, sino que continúa sin considerar la seguridad informática como eje estratégico para la operación.
Denuncias por delitos informáticos

La Estrategia de Valorar la Seguridad
De acuerdo con un estudio realizado por LinkedIn en 2025, muchos directivos que han invertido en activos de seguridad se plantean principalmente dos preguntas: “¿Estamos realmente más seguros?” y “¿Ha valido la pena esta inversión?”. Esta incertidumbre surge porque la seguridad es un valor difícil de percibir mientras no ocurre una vulneración. Su analogía más cercana es la de un seguro: se paga de manera recurrente y parece un gasto innecesario, pero cuando se materializa el siniestro, se reconoce su importancia.
En el ámbito de la ciberseguridad, la percepción es aún más compleja. La situación se asemeja a la paradoja del gato de Schrödinger: mientras no se produce un ataque, no es posible determinar si la protección funciona o si simplemente los atacantes no han mostrado interés en la plataforma. Si ocurre una vulneración, se cuestiona la eficacia de las inversiones realizadas; si no ocurre, la ausencia de incidentes no garantiza que las defensas sean efectivas. Esta ambigüedad explica por qué la seguridad informática suele ser vista como un costo y no como un valor estratégico.
Es por ello que, antes de cuestionar el valor de la seguridad, las empresas deben seguir un proceso estructurado.
- En primer lugar, realizar una investigación que identifique cómo su sector (a nivel global, regional o nacional) se ve afectado por ataques informáticos, qué tipos de incidentes predominan y cuáles son sus costos monetarios, reputacionales y operativos.
- En segundo lugar, evaluar el nivel de preparación interna,hasta qué punto la organización está en condiciones de resistir o mitigar un ataque de gran magnitud.
- Finalmente, definir medidas de remediación y establecer mecanismos de valoración que permitan medir la efectividad de las inversiones en seguridad.
De esta forma, la empresa podrá contar con un análisis económico sólido, ya que, conocerá cuánto han perdido otras organizaciones, cuánto podría costarle un ataque y cuánto representaría invertir en protección. Solo con esa comparación será posible decidir estratégicamente si la inversión en seguridad es un gasto o, en realidad, una ventaja competitiva indispensable.
"La ciberseguridad no es un gasto: es el costo de seguir operando."
La seguridad como ventaja competitiva
En conclusión, el crecimiento acelerado del desarrollo digital y de la inteligencia artificial ha expuesto la falta de preparación de muchas empresas ecuatorianas. Los ataques cibernéticos no sólo aumentan en cantidad, sino también en sofisticación, elevando los costos de remediación. Los datos demuestran que ningún sector está exento y que las pérdidas pueden ser devastadoras, tanto en lo económico como en lo reputacional.
Por ello, la seguridad informática no debe considerarse únicamente una buena práctica, sino una obligación técnica y estratégica para toda organización. Está llamada a convertirse en un diferenciador competitivo y en un pilar del desarrollo empresarial. Aquellas organizaciones que integren la protección digital en su estrategia corporativa no solo reducirán riesgos, sino que estarán mejor posicionadas para aprovechar con confianza las oportunidades de la transformación tecnológica.
Referencias: Gartner (2025); IBM (2025); IT Ahora (2025); Silva, J. J. (2025); McKinsey Global Institute (2025); Oxmaint (2025); Palacios, D. (2025).
