La pandemia de COVID cambió la forma en que el mundo comprende la salud pública. Antes del año 2020, muchas personas consideraban que una pandemia era un acontecimiento lejano, propio de libros de historia o de escenarios ficticios. Sin embargo, la realidad mostró algo completamente diferente: hospitales colapsados, millones de fallecimientos, sistemas sanitarios bajo presión y familias que enfrentaron cambios drásticos en su vida cotidiana. Después de una experiencia mundial de esa magnitud, podría pensarse que los países fortalecerían los mecanismos internacionales de cooperación sanitaria; sin embargo, acontecimientos recientes muestran un panorama distinto.
"Las pandemias demostraron que la salud pública ya no puede entenderse únicamente desde una perspectiva nacional"
En los últimos años, Estados Unidos y Argentina decidieron retirarse de la Organización Mundial de la Salud (OMS), argumentando desacuerdos relacionados con la gestión institucional y el manejo de la pandemia. Estados Unidos manifestó críticas sobre la administración y financiamiento del organismo, mientras que Argentina sostuvo diferencias respecto a las medidas implementadas durante la emergencia sanitaria. Estas decisiones han generado un debate que va más allá de aspectos políticos y económicos. La verdadera preocupación radica en las posibles consecuencias que podrían presentarse frente a enfermedades contagiosas capaces de generar nuevas pandemias y que nuestro país también quiera unirse a futuro a dicha decisión.
El papel de la OMS en la salud global
La Organización Mundial de la Salud fue creada con el objetivo de coordinar esfuerzos internacionales destinados a prevenir enfermedades, vigilar brotes epidemiológicos y fortalecer la respuesta sanitaria global. Aunque ninguna institución está exenta de errores o críticas, su función adquiere una relevancia significativa durante emergencias sanitarias internacionales. La salida de Estados Unidos representa un evento de gran impacto debido a que históricamente ha sido uno de los mayores contribuyentes económicos y científicos de la OMS. La reducción de financiamiento y participación podría afectar programas relacionados con vacunación, vigilancia epidemiológica y respuesta ante enfermedades infecciosas emergentes. Asimismo, diversos especialistas han advertido que esta decisión podría debilitar programas internacionales relacionados con enfermedades transmisibles como la poliomielitis, la tuberculosis y la influenza. Por otra parte, Argentina oficializó su salida de la OMS bajo la administración del presidente Javier Milei, quien argumentó profundas diferencias respecto a la gestión de la organización durante la pandemia y enfatizó la necesidad de fortalecer la soberanía sanitaria nacional (Taylor, 2025).
"Los virus no reconocen fronteras, ideologías ni diferencias políticas."
Aunque el gobierno argentino manifestó que continuará desarrollando cooperación mediante acuerdos regionales y bilaterales, surgen interrogantes importantes acerca de los efectos que podría generar una menor participación en sistemas globales de vigilancia sanitaria. Una enfermedad contagiosa no distingue ideologías políticas, fronteras o intereses nacionales. Virus respiratorios, nuevas cepas de influenza o enfermedades zoonóticas tienen la capacidad de propagarse rápidamente entre países debido a la movilidad humana y a la globalización actual. Durante la pandemia de COVID -19 quedó demostrado que incluso algunos de los sistemas sanitarios más desarrollados enfrentaron dificultades para responder eficazmente ante una amenaza emergente.
La importancia de la vigilancia epidemiológica
Diversas investigaciones han señalado que la vigilancia internacional constituye uno de los pilares fundamentales para la detección temprana de enfermedades infecciosas. Los sistemas globales de vigilancia epidemiológica permiten identificar amenazas sanitarias antes de que se conviertan en emergencias internacionales. Del mismo modo, la cooperación científica internacional resulta esencial para el monitoreo de virus respiratorios y el desarrollo de estrategias de respuesta. Estas herramientas adquieren especial importancia cuando aparecen nuevas variantes virales o enfermedades desconocidas. (Hay y McCauley, 2018)

Lo que está en juego para Ecuador
Las posibles repercusiones también merecen analizarse desde la realidad de Ecuador y América Latina. Ecuador ha dependido históricamente de la cooperación técnica de la OMS y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para fortalecer programas de inmunización, vigilancia epidemiológica y control de enfermedades transmisibles. En un escenario de debilitamiento de los mecanismos internacionales de coordinación, el país podría enfrentar mayores dificultades para acceder oportunamente a información sobre nuevas variantes virales, recomendaciones técnicas actualizadas y estrategias de respuesta frente a emergencias sanitarias. Asimismo, enfermedades de importancia regional como el dengue, la fiebre amarilla, la influenza y otras infecciones emergentes requieren sistemas de vigilancia coordinados entre los países vecinos para identificar brotes tempranamente y limitar su propagación. La reducción de la cooperación internacional también podría repercutir en el intercambio de datos científicos, la capacitación del personal sanitario y el acceso equitativo a vacunas y otros insumos críticos durante futuras pandemias. En América Latina, donde los sistemas de salud presentan desigualdades y limitaciones presupuestarias, una menor articulación con organismos internacionales podría traducirse en respuestas menos coordinadas y en un aumento de la vulnerabilidad de las poblaciones más expuestas.
El impacto humano de una pandemia
Más allá del ámbito científico, existen consecuencias humanas que no deben ignorarse. Cuando ocurre una pandemia, las repercusiones no afectan únicamente la salud física de las personas. También se producen alteraciones económicas, educativas y psicológicas. Muchas familias enfrentan pérdidas económicas, estudiantes interrumpen procesos formativos y los profesionales de salud trabajan bajo condiciones extremadamente exigentes. Los grupos más vulnerables generalmente son quienes experimentan las mayores consecuencias. Aunque algunos países consideran que pueden fortalecer su autonomía sanitaria, la realidad demuestra que las enfermedades infecciosas continúan siendo un desafío global que requiere acciones conjuntas.
Cooperación o aislamiento sanitario
La salida de Estados Unidos y Argentina de la Organización Mundial de la Salud con sus siglas OMS, constituye un acontecimiento que supera el ámbito político y administrativo. Aunque ambos gobiernos justificaron sus decisiones mediante argumentos relacionados con soberanía y desacuerdos institucionales, las posibles consecuencias deben analizarse desde una perspectiva sanitaria y social. La pandemia de COVID-19 demostró que ningún país puede enfrentar completamente solo amenazas sanitarias globales.
"La seguridad sanitaria de un país depende también de la fortaleza de los sistemas internacionales."
Las enfermedades contagiosas no respetan fronteras y requieren vigilancia epidemiológica, investigación científica y cooperación internacional constante. El verdadero riesgo no radica únicamente en la salida de algunos países de la OMS, sino en la posibilidad de debilitar la capacidad colectiva para prevenir, detectar y controlar futuras pandemias. Para Ecuador y los demás países de América Latina, las repercusiones podrían traducirse en una menor capacidad de vigilancia epidemiológica, retrasos en la respuesta ante futuras pandemias, dificultades en el acceso a vacunas y una reducción de la cooperación científica internacional, elementos fundamentales para garantizar la seguridad sanitaria de la población.
Hay, A. J., McCauley, J. W. (2018). The WHO global influenza surveillance and response system (GISRS): A future perspective. Influenza and Other Respiratory Viruses, 12(5), 551–557. Taylor, L. (2025). Argentina confirms WHO withdrawal as Milei outlines sweeping health reforms. The BMJ, 389, r1119.
