La gestión de la calidad y seguridad del paciente constituye una base fundamental de cualquier sistema de salud moderno. En nuestro país, estos conceptos han sido agregados de manera progresiva en normativas, planes nacionales y modelos de atención, reconociendo que una atención segura no solo mejora los resultados clínicos, sino que también enriquece la confianza de la población en las instituciones de salud. Sin embargo, persiste una brecha significativa entre los lineamientos formales y su aplicación efectiva en la práctica cotidiana, atribuida a debilidades en la cultura organizacional, la capacitación del personal y el liderazgo institucional. En este sentido, no basta con disponer de marcos normativos, sino que es indispensable promover una cultura de calidad y seguridad arraigada en los equipos de salud para lograr una atención segura y centrada en el paciente (Zuleta-Gonzáles et al., 2024).
La seguridad del paciente no se garantiza con normas escritas, sino con cultura organizacional, liderazgo comprometido y práctica clínica coherente
El principal desafío de la calidad y seguridad del paciente no radica en la ausencia de normas, sino en las limitantes, sean estas estructurales, organizacionales o culturales, que dificultan su aplicación efectiva. A continuación, analizo la situación actual, destacando avances, debilidades y oportunidades de mejora desde un aspecto centrado en la realidad del sistema de salud ecuatoriano.
En los últimos años, el Ecuador ha fortalecido su marco regulatorio en materia de calidad de atención. El MAIS, conocido como modelo de atención integral de salud y las políticas de calidad impulsadas por el MSP promueven la atención centrada en el paciente. Por lo cual, en la práctica, la implementación de estos lineamientos es dividida entre los diferentes niveles de atención y tipos de establecimientos.
Uno de los aspectos más críticos en la seguridad del paciente es la ocurrencia de eventos prevenibles. Los errores de medicación, infecciones asociadas a la atención en salud y fallas en la comunicación clínica siguen siendo problemas frecuentes en hospitales públicos del país. Sin descartar los 8 desperdicios de Lean healthcare que desangran a los hospitales, como lo son la sobreproducción, la espera, el transporte, el movimiento innecesario de personal, inventario, sobreprocesamiento, defectos de producción y talentos no utilizados. Estos deben ser analizados como ineficiencias operativas que impactan directamente en la experiencia del paciente y en la dignidad del personal de salud. El enfoque centrado en el paciente resalta que las esperas prolongadas, los errores clínicos (en este caso se traduce como defectos) y el sobreprocesamiento generan frustración, pérdida de confianza y riesgo para la seguridad, mientras que el desaprovechamiento del talento humano deshumaniza el trabajo sanitario al limitar la autonomía, el criterio clínico y la motivación del personal de salud, por lo cual la eliminación de desperdicios como el movimiento y transporte innecesario contribuye a una atención más fluida, empática y segura, permitiendo que los profesionales dediquen más tiempo al cuidado directo del paciente. De tal manera que Lean, aplicado desde una visión humanista, no busca únicamente eficiencia, sino la creación de valor genuino para el paciente, equilibrando resultados clínicos, bienestar del personal y sostenibilidad del sistema de salud (Chen et al., 2024). Por lo tanto, estos eventos no deben ser analizados únicamente como fallas individuales, sino como una consecuencia del sistema de trabajo sobrecargado, falta de personal y procesos mal estandarizados.
La cultura de seguridad del paciente aún enfrenta importantes barreras. En muchos establecimientos persiste una visión punitiva del error, lo que limita la notificación oportuna de eventos adversos y dificulta el aprendizaje organizacional. Según informes nacionales, la notificación de incidentes relacionados con la atención en salud es baja en comparación con la magnitud real del problema, lo que evidencia la necesidad de fortalecer una cultura de seguridad basada en la mejora y no en la sanción.
Hoy en día, los profesionales de la salud nos hemos enfocado solo en prevenir, diagnosticar, recetar y administrar medicamentos, pero hay que conocer también que en las instituciones de salud existen procesos, datos y estrategias. La realidad del sistema de salud ecuatoriano evidencia una problemática. Profesionales altamente comprometidos trabajando sin procesos claros, en entornos desorganizados y con recursos mal gestionados, donde errores evitables se convierten en eventos repetidos y el desgaste emocional es una constante; por lo tanto, médicos, enfermeras y técnicos no solo luchan por salvar vidas, sino también contra un sistema que genera frustración, inseguridad y de manera silenciosa produce “segundas víctimas” marcadas por fallas estructurales más que por falta de vocación o capacidad.

La seguridad del paciente en Ecuador no depende de nuevas leyes, sino de liderazgo efectivo, ejecución disciplinada y compromiso institucional sostenido con la mejora continua.
Otro aspecto es la capacitación del personal de salud. Si bien es cierto que existen programas de formación continua, estos no siempre alcanzan a todo el personal ni se enfocan de manera específica en competencias relacionadas con calidad, seguridad del paciente y gestión del riesgo clínico. Pienso que se debería invertir en la preparación del personal y no debería considerarse un gasto sino una estrategia para reducir eventos adversos y mejorar la calidad de atención, especialmente en los días con alta demanda asistencial.
Los sistemas de notificación de eventos adversos pueden ser una estrategia clave para fortalecer la cultura de seguridad del paciente, pero también indican que su implementación y uso efectivo aún enfrenta retos prácticos y de adopción dentro de los servicios de la salud, lo que limita que la notificación se convierta plenamente en una herramienta de aprendizaje organizacional (López-Nieto et al., 2023).
Finalmente considero que la evaluación y el monitoreo de la calidad siguen siendo desafíos pendientes. Aunque existen indicadores definidos por el MSP y la ACESS, su uso sistemático para la toma de decisiones es aún limitado. Considero que la calidad y seguridad del paciente solo pueden fortalecerse cuando los indicadores dejan de ser un requisito administrativo y se convierten en herramientas reales de gestión clínica y estratégica.
La calidad y seguridad del paciente en Ecuador han avanzado de manera significativa en el plano normativo, pero todavía enfrentan importantes desafíos en su implementación en la vida diaria. Considero que el problema no es la falta de lineamientos, sino la falta de interés en su ejecución, la limitada cultura de seguridad y las restricciones estructurales propias del sistema de salud.
Pienso que para mejorar la gestión de la calidad y seguridad del paciente se requiere un verdadero compromiso de las autoridades al mando, las instituciones y el personal sanitario. Tratar de fortalecer la cultura de seguridad, invertir en capaciones mensuales, promover la participación del paciente y utilizar indicadores para mejorar y ofrecer un servicio de salud excelente para la población ecuatoriana.
