Ecuador se acerca a un límite fiscal
que ya no permite seguir
postergando decisiones
El Ecuador acaba el año, con un crecimiento esperado de más del 3% anual. Esto, que parece un buen resultado, tiene que ser analizado con un poco más de profundidad.
Lo primero que hay que acotar, es que el crecimiento del año anterior fue negativo, para ser más exacto -2%. Por lo tanto, mucho del crecimiento del 2025, es lo que se conoce como “rebote”, más que una tendencia sostenible.
Ahora veamos con un poco más de profundidad el tema: En el supuesto de que llegásemos a un 4% para el 2025, que es optimista, el crecimiento neto de los dos años 24-25 sería 2%. Pero la población creció en 1.9% en estos dos años, por lo tanto, el PIB per cápita no creció, que es la cifra que finalmente debe contar.
Ecuador no ha recuperado el PIB per cápita real de 2014; el modelo estatal sobredimensionado y las malas políticas estructurales mantienen la economía entrampada
El Ecuador no ha podido recuperar el nivel del PIB per cápita real del año 2014, en el cual el premio de la lotería de la bonanza de los precios de las materias primas se acabó. El obeso estado que se generó desde el 2006, y las erradas políticas de subsidios, salariales, de tasas de interés, la falta de seguridad jurídica, la postergación de la solución a los temas de la seguridad social, más otros factores estructurales, han pasado la factura, y hoy, la economía está entrampada, sin crecimiento, y con las deficiencias estructurales sin visos de solución.
Todo lo anterior lleva a que el país haya vivido irresponsablemente durante años de contratar más y más deuda, y, en los actuales momentos, estamos llegando a situaciones absolutamente peligrosas.
Así, por ejemplo, se pasó recientemente un decreto que permite tomar deuda para pagar sueldos en salud y educación. Tomar deuda para pagar sueldos es inadecuado. Las deudas se toman cuando uno se asegura que con ellas se invertirá en algo que generará recursos futuros para pagar esa deuda. Igualmente, al existir déficit primario proyectado para el 2026, esto implica necesariamente que se tomará deuda para pagar intereses. Por último, se ha pasado una regulación para que los bancos encajen en el Banco Central con bonos del estado. Una de las fortalezas del Ecuador de hoy es la solidez de la banca. No debemos contaminarla con el problema fiscal.
En el Ecuador no estamos entendiendo la gravedad de este problema fiscal que va siendo metastásico en todo el resto de la economía, y su más grave víctima es la seguridad social.
Lo que aquí se ha expuesto se resume en el siguiente gráfico:
EVOLUCIÓN DE LA DEUDA PÚBLICA Y EL PIB ECUATORIANO

Fuente: Observatorio de Política Fiscal, Banco Central del Ecuador.
Elaboración: CESDE
Para el año 2010, la deuda pública era más o menos un 16% del PIB. Para el año 2024, la deuda pública registrada, supera los $80.000 millones de dólares. Pero no está registrada la deuda que el gobierno tiene con el IESS, que no es la de los bonos, la cual sí lo está, sino lo que son “cuentas por pagar”, que superan ya los $28.000 millones de dólares por diversos conceptos que el estado no ha cumplido con el IESS. Adicionalmente, el presupuesto tiene atrasos, que totalizan $3500 millones. Si estas dos realidades se incluyen, el total de la deuda no son los 80.000+ millones de dólares, sino que está el punto azul que señala la flecha del gráfico. Es decir, la deuda, pasó de ser un 16% del PIB hace 15 años a aproximarse ya al ya al 100% del PIB.
Debemos notar que durante todos estos años, desde el 2010, la deuda ha crecido mucho más rápidamente que el PIB, y, la proyección para el próximo año, de acuerdo al observatorio fiscal, nos indica que el país volverá a hacer crecer su deuda mucho más rápidamente que el PIB. Por lo tanto, la economía ecuatoriana está produciendo una inercia de patear una pelota, que tiene como fin no una barrera que la hará regresar a la cancha, sino un precipicio.
Por ello, el 2026 debe ser el año de un gran diálogo nacional, de un sinceramiento de cuentas, de un baño de verdad, y de proponer un acuerdo de todos los sectores para emprender los grandes cambios estructurales, o nos quedaremos sin pelota que patear hacia adelante.
El 2026 debe ser el año de un gran acuerdo nacional, de una sincera unión de todos los sectores, para poder producir una agenda en la cual se incluyan la eliminación de los muchos subsidios que quedan, los cambios en la legislación laboral y la política salarial, en el sistema de pensiones, en el sistema de tasas de interés, en la reducción de la grasa del estado, en el apoyo definitivo a la inversión privada en sectores estratégicos, en el impulso a la minería y a la actividad petrolera, y en todos aquellos obstáculos que no nos dejan crecer, y que si continúan, harán que la pelota caiga en el precipicio.
