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SALUD MENTAL EN ECUADOR: DEL PAPEL A LA PRÁCTICA

Una de cada siete personas en el mundo sufre de algún tipo de trastorno mental (OMS, 2025). Esto se traduce en que más de 1.100 millones de personas viven con algún trastorno mental y, por mucho que existan opciones útiles de prevención y tratamiento, la mayoría de ellas no tienen acceso a una atención efectiva.

Esta situación ubica a la salud mental como un reto importante de salud pública que exige una atención de calidad, sostenida y basada en derechos. Dentro de esta problemática, destaca la del suicidio. Cada año se registran aproximadamente 727.000 fallecimientos por esta causa. En 2021, el suicidio fue la tercera causa de defunción en personas de 15 a 29 años a nivel global, y el 73 % de los suicidios se concentró en países de ingresos bajos y medianos (OMS, 2025).

Ecuador, en este contexto, tampoco es ajeno a esta realidad. Según el ECU 911 (2025), entre el 1 de enero y el 7 de septiembre de 2025 se atendieron a escala nacional 989 llamadas de alerta relacionadas con suicidios e intentos autolíticos: 265 correspondieron a suicidios y 724 a intentos de suicidio. Más allá de representar cifras, cada una de estas emergencias corresponde a una situación humana que puede afectar profundamente a la persona, su familia y su entorno.

Del marco normativo a la realidad

Hablar de salud mental en Ecuador en 2026 implica mirar más allá de la aprobación de nuevas normas. Durante los últimos años, el país ha construido progresivamente un marco orientado hacia una atención más integral, comunitaria y basada en derechos. Por ello, analizar los avances recientes requiere también reconocer las dificultades que persisten y preguntarse si las transformaciones normativas están logrando modificar realmente la manera en que se previene, detecta y atiende la salud mental en el país.

Uno de los cambios más significativos se encuentra en la evolución del marco jurídico. Antes de contar con una legislación específica en materia de salud mental, Ecuador ya contaba con mecanismos regulatorios distribuidos en modelos de atención, planes, lineamientos y normas técnicas. Por tanto, no se puede afirmar que anteriormente existiera una ausencia de regulación, sino que, más bien, había un marco operativo disperso entre diferentes herramientas normativas, orientadas a la promoción, prevención, atención y organización de los servicios.

En este contexto, la aprobación de la Ley Orgánica de Salud Mental (Asamblea Nacional del Ecuador, 2024) constituye un hito importante. La entrada en vigor de una ley específica permite establecer con mayor claridad la necesidad de garantizar servicios de calidad y de protección de la salud mental para la ciudadanía, fortaleciendo su reconocimiento como parte del bienestar integral de las personas y no únicamente como la ausencia de una enfermedad. Este logro normativo, sin embargo, plantea una cuestión fundamental: ¿hasta dónde puede llegar una norma si no logra aplicarse efectivamente, y qué responsabilidad corresponde a otros actores sociales como empresas, centros educativos, universidades y otras instituciones?

Cuando la ley necesita convertirse en acción

La creación de una ley de salud mental representa un paso importante, pero, por sí misma, no garantiza la atención para quienes la necesitan. Para que una normativa legal tenga un impacto real se requiere: recursos disponibles, plazas laborales suficientes, y mecanismos que permitan hacer efectivos los derechos reconocidos. El desafío posterior a la aprobación de la ley consiste en lograr que su ámbito jurídico se incorpore a la experiencia cotidiana de los ciudadanos que necesitan atención.

Otro elemento relevante a la planificación, fue el Plan Estratégico Nacional de Salud Mental 2014–2017 (MSP, 2014), instrumento que permitió establecer objetivos y acciones para orientar la intervención estatal en esta materia y que posteriormente fue objeto de evaluación. La existencia de este antecedente demuestra que el país ya había iniciado un proceso de planificación en salud mental antes de las reformas recientes.

¿Hasta dónde puede llegar una norma si no logra aplicarse efectivamente y transformar realmente la atención de salud mental en Ecuador?

Por otro lado, la Política Nacional de Salud Mental 2025-2030 (MSP, 2025) se manifiesta como una oportunidad para actualizar las prioridades nacionales hacia un nuevo horizonte de acción, hacia objetivos sostenibles, enfocados en la disminución de riesgos psicosociales y la promoción de comunidades saludables. En este sentido, los mecanismos de control y de seguimiento aún quedan como una tarea pendiente en el país; por eso el Acuerdo Ministerial No. 00012-2026 (MSP, 2026), suscrito el 6 de julio del presente año, amplió el reglamento sobre el funcionamiento, habilitación, control y vigilancia de los establecimientos prestadores de servicios de salud mental. Este instrumento asegura la calidad de atención profesional, posicionando la psicología como disciplina de relevancia y constante actualización, y permite ubicar la formación de posgrado (cuarto nivel) como requisito indispensable para prestar servicios en el segundo y tercer nivel de complejidad en salud mental.

La responsabilidad también está en las organizaciones

Los presentes ajustes nos invitan en consecuencia, a pensar la corresponsabilidad del ámbito estatal, con las organizaciones empresariales desde sus líderes que tienen un papel que trasciende al cumplimiento normativo. Para los empresarios, gerentes y equipos de talento humano, la salud mental de los colaboradores, no debería ser, conforme a la ley, un asunto exclusivamente personal, sino un factor humano que incide en la productividad, el bienestar organizacional. Invertir en entornos laborales saludables, capacitar a líderes para identificar señales tempranas de riesgo y establecer canales de apoyo psicológico no son gestos aislados de responsabilidad social, sino decisiones estratégicas que impactan en el desempeño y en el clima organizacional. Reconocer la salud mental como parte del bienestar integral compromete no solo al Estado, sino a toda organización, que forma parte de la vida cotidiana de las personas.

El Ecuador podrá consolidarse como un referente en salud mental en la región y el mundo, cuando una persona que necesite atención, pueda encontrar un servicio cercano y de calidad; cuando se invierta en recursos para la prevención; cuando los profesionales cuenten con condiciones adecuadas para desarrollar su trabajo; cuando los establecimientos cumplan con los estándares de funcionamiento; y cuando los derechos reconocidos puedan ser ejercidos efectivamente.

El principal desafío de Ecuador en materia de salud mental durante los próximos años será pasar de la construcción normativa a la implementación efectiva. Las leyes, políticas y reglamentos son necesarios, pero adquieren verdadero significado cuando logran modificar las condiciones en las que las personas reciben atención. De poco serviría continuar acumulando instrumentos normativos si estos no están acompañados de recursos, seguimiento, evaluación y capacidad institucional para hacerlos cumplir.

“El principal desafío de Ecuador en materia de salud mental durante los próximos años será pasar de la construcción normativa a la implementación efectiva.”

Finalmente, es necesario que las políticas públicas prioricen la prevención, amplíen el acceso a los servicios de salud mental, fortalezcan la atención comunitaria y mejoren la detección temprana, en especial las relacionadas con el suicidio, junto con mecanismos de seguimiento y evaluación que permitan conocer si las acciones implementadas producen resultados reales. Esta es una responsabilidad que debe compartirse entre el Estado, los servicios de salud, las empresas, los centros educativos, las familias y las comunidades, cada uno asumiendo un rol activo y no solo receptor. El verdadero indicador de progreso, será la capacidad del país para ofrecer una atención accesible, oportuna, de calidad y respetuosa de los derechos: la salud mental no puede quedarse en el papel, debe convertirse en una realidad para quien la necesita, pues una intervención oportuna puede representar la diferencia entre atravesar una dificultad con apoyo o enfrentarla en soledad.

Fuentes: Asamblea Nacional (2024); MSP (2014, 2025, 2026); OMS (2025); ECU 911 (2025).