Es habitual escuchar que Ecuador es un país emprendedor, con una de las tasas de actividad emprendedora temprana más altas de la región, según el Global Entrepreneurship Monitor 2024. No obstante, el país enfrenta varios desafíos, entre ellos la brecha que existe entre los emprendimientos actuales, principalmente orientados al consumo, y los negocios con alto valor agregado. Asimismo, persiste la brecha entre la alta intención emprendedora y la baja sostenibilidad en el tiempo. Además, el potencial de escalabilidad es un factor determinante que debe considerarse como la médula de los emprendimientos.
Como país, nos hemos caracterizado por el volumen de emprendimientos; sin embargo, la mirada debe centrarse en la calidad y escalabilidad de los mismos, lo cual constituye uno de los principales desafíos actuales. El reto es que los emprendimientos crezcan, se mantengan en el tiempo y puedan superar las barreras; a fin de evitar el cierre de negocios establecidos.
La mayoría de los emprendimientos se enfocan en el consumo —comercio al por mayor o al por menor— y en los servicios de alojamiento y alimentos. Esto responde a nuestra realidad; aun así, es de vital importancia fomentar la diversificación sectorial para explorar nuevos negocios en servicios, manufactura – con media/alta sofisticación – y promover emprendimientos con componentes tecnológicos. Los emprendimientos tanto informales como por necesidad persisten y se mantendrán; esto es parte de la realidad y dinámica del país, caracterizado por altos niveles de informalidad, un crecimiento económico bajo moderado y un mercado laboral donde solo un tercio de la población puede acceder a un empleo adecuado. En este contexto, el fomento del emprendimiento por oportunidad se convierte en una alternativa clave que debe colocarse de manera prioritaria sobre el tablero de juego.
El fortalecimiento del ecosistema emprendedor pasa por la academia, la diversificación sectorial, el acceso a financiamiento y la adopción tecnológica, más que por la simple creación de nuevos negocios
Hoy por hoy, la academia ha asumido un rol más protagónico mediante la creación de centros de emprendimiento, incubadoras, aceleradoras, entre otros espacios. Asimismo, se han impulsado iniciativas académicas y estudiantiles en el ámbito del emprendimiento, las cuales se traducen en oportunidades para el desarrollo de habilidades blandas, competencias y proyectos; así como para la generación de redes de contactos o networking. De esta manera, desde la comunidad universitaria se incentiva el emprendimiento como una opción de carrera y desarrollo profesional, con el objetivo de que los estudiantes, durante su etapa formativa o al graduarse, puedan crear un negocio propio. Existen altas probabilidades de que las personas fracasen en su primer intento; en ese sentido, el fracaso, en vez de verse con vergüenza o como el final del camino, debe considerarse como aprendizaje validado y combustible para el éxito. Las personas que viven la experiencia de emprender tendrán mayores posibilidades de volver a crear un negocio, mitigar los riesgos y lograr éxito.
En el ámbito legal, las Sociedades por Acciones Simplificadas (S.A.S.) han agilizado la constitución de empresas y este año cumplen cinco años desde su creación. Las S.A.S. han permitido reducir tiempos y digitalizar los trámites de constitución; además, han contribuido a la formalización de los negocios. Según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros, la distribución por actividad económica de las S.A.S. se concentra principalmente en el comercio al por mayor y al por menor (26,4%), seguida de las actividades profesionales, técnicas y científicas (17,5%). Las sociedades del sector de la construcción representan el 9,68 % y las de la industria manufacturera el 5,93 %. Esto corrobora que uno de los principales desafíos del país hacia el 2026 es diversificar los sectores económicos de los emprendimientos, especialmente aquellos con alto valor agregado y componente tecnológico.
Uno de los principales riesgos en el país no es la falta de ideas, sino el acceso al financiamiento. La dependencia casi exclusiva de los créditos del sector financiero no debería ser la única alternativa; es necesario ampliar el portafolio de opciones de financiamiento para los emprendimientos. El acceso a capital semilla y a fondos de riesgo temprano sigue siendo un desafío estructural.
La presencia digital constituye un nivel base; sin embargo, se requiere el desarrollo de capacidades digitales avanzadas y no limitarse únicamente al uso de herramientas o redes sociales. Es necesario evolucionar de un marketing digital tradicional hacia una digitalización estratégica, donde la analítica de datos y la inteligencia comercial se integren, de esta forma, la toma de decisiones esté basada en datos. La adopción tecnológica en los emprendimientos es un desafío y, a la vez, un compromiso indispensable para lograr competitividad y competir en el mercado. De cara al 2026, la discusión relevante será con qué capacidades y bajo qué condiciones sistémicas se crearán y escalarán los emprendimientos en el país.
Más allá de la creación de emprendimientos, los retos del ecosistema se centran en el desarrollo de negocios con alto valor agregado, componente tecnológico y capacidad de escalabilidad. El 2026 representará una oportunidad para alcanzar un mayor nivel de desarrollo, productividad y madurez del ecosistema emprendedor nacional.
