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ENTRE EL TRABAJO Y EL CUIDADO: LICENCIAS, TURNOS Y APOYO INSTITUCIONAL

Recientemente, en el conversatorio Análisis de la familia en el Ecuador: Perspectiva, Desafíos y Oportunidades, organizado por la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES), se visibilizaron los desafíos a nivel estructural que enfrentan las familias en el país. Como equipo, nos surgieron interrogantes críticas sobre la situación que vivimos simultáneamente como trabajadores y padres. En ese sentido, son estas reflexiones las que estructuran el presente artículo de opinión y análisis: ¿cómo influye la ausencia parental en la conducta de niños y adolescentes? y ¿qué relación guarda este hecho con los comportamientos desadaptativos o violentos que observamos en la sociedad?

Para responder, es crucial entender que la «ausencia» de los padres tiene diversas causas, pero en este artículo analizaremos un sistema laboral deshumanizado. Esta realidad se traduce en el hecho de que los trabajadores y padres atraviesan diversas situaciones que van desde la rigidez de horarios que obstaculizan la corresponsabilidad, hasta la extenuación física y mental que impide ejercer una crianza sensible al llegar a casa. Esta carencia de tiempo y disponibilidad emocional debilita procesos cruciales del neurodesarrollo y la socialización, convirtiéndose en el caldo de cultivo para la vulnerabilidad social. Así, la crianza con ausencia se revela como el síntoma de un modelo productivo y deshumanizado que ignora el bienestar humano.

El embarazo y el trabajo: jornadas laborales, permisos y la invisibilización paterna

El conflicto entre la productividad y la biología no inicia con el nacimiento, sino desde la gestación. Las jornadas laborales rígidas a menudo ignoran las necesidades fisiológicas del embarazo, convirtiendo el entorno de trabajo en una fuente de estrés prenatal que puede impactar la salud del feto. A esto se suma la burocracia institucional para la gestión de permisos médicos (permisos por controles prenatales). Aunque la normativa exige la concesión de tiempo para la atención médica, en la práctica, muchas trabajadoras enfrentan presiones tácitas o explícitas que penalizan su ausencia, obligándolas a elegir entre su salud y su reputación profesional.

Sin embargo, uno de los aspectos más críticos y menos discutidos en esta etapa es la invisibilización sistemática del hombre. El sistema laboral y sanitario parece operar bajo la premisa de que el embarazo es un asunto exclusivamente femenino. Mientras que la madre debe luchar por permisos para asistir a sus ecografías y chequeos, el padre rara vez cuenta con respaldo legal o normativo en sus lugares de trabajo para acompañar este proceso. Esta exclusión estructural impide que el hombre se involucre desde el inicio, reforzando el sesgo de género que asigna la carga del cuidado únicamente a la mujer y privando a la pareja de construir una corresponsabilidad real desde la etapa prenatal.

El neurodesarrollo frente a la reincorporación paternal temprana y la institucionalización

Uno de los puntos más críticos de esta tensión es la reincorporación laboral a los tres meses de vida del infante. Desde la perspectiva de la neurociencia, los primeros dos años constituyen una ventana crítica de oportunidad y vulnerabilidad. Durante este periodo, el cerebro experimenta un crecimiento exponencial y procesos de poda sináptica que no volverán a repetirse con la misma intensidad (Shonkoff & Phillips, 2000).

Un bebé de tres meses carece de mecanismos propios de autorregulación emocional; su homeostasis depende enteramente de la corregulación con su figura de vínculo principal. La separación prematura y la institucionalización en guarderías que, en ocasiones, cuentan con personal no cualificado, pueden elevar los niveles de cortisol en el infante. Esta exposición temprana al estrés afecta la arquitectura cerebral y el sistema de respuesta emocional a largo plazo. Por tanto, delegar el cuidado en esta etapa no es una mera cuestión logística, sino un factor de riesgo para el desarrollo integral del niño.

Salud mental parental y corresponsabilidad trabajo-hogar

El retorno al trabajo ocurre frecuentemente sin considerar la salud mental de los progenitores. En el caso de la madre, el puerperio implica cambios hormonales abruptos y una adaptación psicológica profunda conocida como matrescencia. Ignorar la prevalencia de la depresión posparto y exigir un rendimiento laboral inmediato agrava la vulnerabilidad psicológica de la mujer y del sistema familiar.

Por su parte, el rol paterno se encuentra atrapado en una contradicción sistémica. Mientras el discurso social exige padres presentes e involucrados, las políticas públicas reducen al padre a un rol de proveedor y gestor administrativo. El tiempo asignado actualmente por las licencias de paternidad impide la consolidación del vínculo afectivo necesario para ejercer una crianza compartida real y efectiva.

El sector de la salud en Ecuador: la salud mental de los trabajadores sanitarios en decadencia

La crisis de conciliación alcanza su punto más crítico en el sistema sanitario, donde la salud mental de quienes cuidan se encuentra en un franco deterioro. En Ecuador, la normativa y la cultura hospitalaria normalizan jornadas de guardia que frecuentemente superan las 24 horas continuas. Esta privación sistemática de sueño y la exposición crónica a situaciones de alto estrés no solo desencadenan el síndrome de desgaste profesional (burnout), sino que inhabilitan biológicamente las capacidades parentales. Un profesional que retorna a su hogar tras una vigilia forzada de más de un día carece de la disponibilidad cognitiva y emocional necesaria para ejercer una crianza sensible; su sistema nervioso está en modo de supervivencia, no de conexión.

A esta realidad se suma una paradoja inquietante que afecta específicamente a los trabajadores del campo de la salud mental (psicólogos, psiquiatras y terapeutas). A estos profesionales se les exige sostener y reparar el bienestar psíquico de la población, mientras ellos mismos operan en condiciones de profunda precariedad laboral. La inestabilidad contractual, la sobrecarga de pacientes en el sistema público y la falta de espacios de descarga emocional (debriefing) obligan a estos trabajadores a cuidar la salud mental ajena a costa de la propia.

El resultado es un fenómeno de fatiga y saturación emocional. Cuando estos profesionales llegan a casa, a menudo se encuentran «vacíos», metafóricamente hablando, habiendo agotado sus recursos de empatía en el ámbito laboral. Así, el sistema sanitario ecuatoriano, al no cuidar a sus cuidadores, termina generando una cadena de vulnerabilidad que impacta directamente en el neurodesarrollo de los hijos de estos trabajadores.

Análisis multinivel: De la desprotección estatal a la conducta antisocial

Para comprender la magnitud de las consecuencias de este sistema, es necesario aplicar un análisis multinivel basado en la perspectiva de la psicopatología del desarrollo propuesta por Dante Cicchetti. Este enfoque postula que el desarrollo humano no ocurre en el vacío, sino a través de transacciones dinámicas entre niveles biológicos, individuales, familiares y socioculturales (Cicchetti, 2016). En el contexto ecuatoriano, observamos una falla sistémica en el nivel macrosocial (políticas públicas insuficientes y cultura laboral hostil) que impacta directamente en el microsistema familiar.

La cadena causal es clara: cuando el Estado no garantiza el tiempo para el cuidado (nivel macro), los padres llegan al hogar en estados de desregulación y agotamiento (nivel micro/relacional). Esto impide la corregulación afectiva necesaria para el infante, alterando sus sistemas biológicos de respuesta al estrés y empatía (nivel individual/biológico). La evidencia sugiere que la carencia de vínculos seguros tempranos y la exposición a estrés crónico son precursores directos de conductas externalizantes y antisociales en la adolescencia y adultez (Cicchetti & Toth, 2005).

Por tanto, los altos índices de violencia y conductas antisociales que hoy vive el Ecuador no pueden desligarse de la crisis de la familia. No estamos ante una mera «pérdida de valores», sino ante la consecuencia ontogenética de haber vulnerado sistemáticamente el derecho al cuidado. Al impedir que los padres estén presentes (física y emocionalmente), las políticas públicas actuales están incubando, desde la primera infancia, la desintegración del tejido social que hoy lamentamos en las calles.

Marco legal vigente y nuevas perspectivas legislativas (2025)

Si bien el marco normativo actual en Ecuador —basado en las regulaciones vigentes desde su última reforma del 4 de noviembre de 2021— contempla licencias por maternidad y paternidad, estas resultan insuficientes frente a la evidencia neurocientífica contemporánea. La legislación actual fragmenta el cuidado, forzando una separación en etapas críticas del desarrollo cerebral. No obstante, el panorama político de 2025 ha comenzado a mostrar señales de un cambio de paradigma, impulsado por la necesidad de alinear las políticas nacionales con los estándares internacionales de salud pública.

En este contexto, existen iniciativas legislativas en curso que buscan ampliar el espectro de protección. Un ejemplo significativo es el Proyecto de Ley Orgánica para la Protección de la Maternidad, Paternidad y la Nutrición Infantil (cód. 461493), presentado formalmente ante la Asamblea Nacional el 5 de febrero de 2025 por la asambleísta Hortencia Cayo. Aunque a la fecha este proyecto se mantiene en estatus de «calificado» y aún no ha sido aprobado, su contenido refleja un intento sustancial por corregir el déficit de cuidado estatal.

La propuesta plantea modificaciones estructurales que responderían directamente a las necesidades del neurodesarrollo descritas anteriormente:

  • Extensión de la licencia de maternidad: Propone una ampliación de 12 a 24 semanas. Esta medida busca alinearse con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, permitiendo cubrir los primeros seis meses de vida, fundamentales para la lactancia exclusiva y la consolidación del vínculo.
  • Ampliación del rol paterno: Sugiere extender la licencia de paternidad hasta cuatro semanas, un paso necesario para transitar de la figura de «ayudante» a la de corresponsable en el cuidado temprano.
  • Protección a la vulnerabilidad: El proyecto incluye un subsidio equivalente a tres Salarios Básicos Unificados (SBU) distribuidos en seis meses para madres sin relación de dependencia, reconociendo que el cuidado infantil en contextos de informalidad requiere soporte económico estatal.

Conclusión

La ausencia parental forzada por el sistema laboral tiene correlaciones directas con problemáticas actuales: desregulación emocional en la infancia, aumento de trastornos de salud mental y la reproducción de ciclos de violencia. Trabajar en la protección de la primera infancia debe ser entendido como una estrategia de prevención primaria.

Para mitigar las problemáticas sociales que enfrenta Ecuador, es imperativo redefinir el cuidado como un eje central de la política pública y no como un sacrificio privado. Esto implica reformas estructurales como las propuestas en los proyectos de 2025, la abolición de turnos de 24 horas que atentan contra la vida familiar y la implementación de horarios escalonados. Para el futuro inmediato, el Estado debe responder si su objetivo es fomentar la presencia de cuidadores competentes o continuar perpetuando un sistema que obliga a criar desde la ausencia.

¿Y si no logramos cambios, Qué nos espera a partir del 2026?

De mantenerse la inercia actual, el escenario proyectado para el Ecuador es crítico. Continuaremos observando infantes que, desde los tres meses, carecen de la presencia vital de sus figuras parentales, lo que incrementa el riesgo de depresión posparto y obstaculiza la recuperación emocional de las madres. Asimismo, perpetuaremos la disminución de las tasas de lactancia materna, ignorando que mejorar estos resultados «podría prevenir aproximadamente 823 000 muertes infantiles y 20 000 muertes por cáncer de mama cada año» (Vilar-Compte et al., 2023). Sin embargo, bajo el sistema laboral vigente, la prevalencia de la lactancia exclusiva en menores de seis meses se mantiene alarmantemente baja, rondando apenas el 37 % a nivel mundial.

Finalmente, y como consecuencia sistémica, el Ecuador seguirá enfrentando altos índices de violencia. Esas infancias desprotegidas se convertirán en adolescentes con carencias emocionales profundas, generando problemáticas conductuales que impactarán negativamente en todos los sistemas donde se desenvuelve el ser humano.