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PRODUCTIVIDAD AGRÍCOLA: EL ROL DE FERTILIZANTES EN LOS CULTIVOS DE ARROZ.

En Ecuador, hablar del cultivo arroz es hablar de un cultivo con tradición. Es el grano que acompaña el almuerzo cotidiano y, al mismo tiempo, el cultivo que sostiene economías familiares enteras en la región Costa. Detrás de ese tradicional cultivo hay una realidad menos visible: producir arroz es, cada vez más, una carrera de resistencia contra el costo de los insumos. Estadísticas oficiales muestran que el país se mueve en volúmenes considerables de producción que es alrededor de 1,6 millones de toneladas en 2022 y que la actividad se concentra de forma marcada en provincias costeras donde el arroz no es solo un cultivo, es una fuente de trabajo para cientos de familias. Justamente por eso, cuando suben los costos, no se encarece únicamente una hectárea; se encarece la tranquilidad de miles de productores.

1,6 MILLONES TONELADAS
PRODUCCIÓN DE ARROZ (2022)

Dependencia externa y costo país

De este análisis surge un tema que solemos comentar a medias: la dependencia externa. Ecuador no fabrica todo lo que su agricultura consume; importa una parte importante de materias primas e insumos que sirven en el campo. Ese flujo tiene un impacto directo en la salida de divisas. El Banco Central, al reportar importaciones por uso o destino económico, registra montos relevantes en “materias primas para la agricultura”, reflejando cuántos dólares se van del país para sostener la producción agropecuaria. Es una cifra que se siente, primero, en la balanza comercial; luego, en la factura de cada ciclo agrícola; y finalmente, en el precio que el productor necesita para no trabajar a pérdida. Como se muestra en la gráfica, Ecuador está por debajo del consumo de fertilizantes, situación que evidencia el desarrollo agrícola avanzado de otros países de la región.

CONSUMO DE FERTILIZANTES EN MILLONES DE TONELADAS

Fuente: Our World in Data  Nota: Cifras reportadas del año 2022

Fertilizantes: el factor crítico

Dentro de ese grupo de dependencia, los fertilizantes son un factor estratégico para los cultivos. El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), a través del Sistema de Información Pública Agropecuaria (SIPA), revisa el comportamiento de precios de fertilizantes mediante el Índice de Precios de Fertilizantes (IPF), una herramienta útil para entender por qué, en ciertos años, el “paquete tecnológico” se vuelve casi impagable. Ese índice recoge productos ampliamente usados, como la urea que es un fertilizante nitrogenado, el fosfato diamónico (DAP) y el muriato de potasio (MOP), que en los cultivos son parte del lenguaje diario del agricultor aunque suenen técnicos. En arroz, donde la nutrición especialmente la nitrogenada, suele ser decisiva para rendimiento y productividad del cultvio, el fertilizante no es sustituible: es un componente que empuja los costos hacia arriba y obliga a tomar decisiones difíciles, como reducir dosis o aplicar “a ojo”, con el riesgo de perder productividad.

Suelo, sostenibilidad y riesgo ambiental

Pero la problemática no debería quedarse solo en dólares. También está la pregunta incómoda: ¿qué pasa con el suelo cuando el nitrógeno se vuelve costumbre y no estrategia? La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que los desequilibrios de nutrientes y la contaminación derivada del uso inadecuado de fertilizantes pueden afectar la vida del suelo y sus funciones, debilitando su capacidad de sostener cultivos en el tiempo. Y, desde el ángulo climático, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) destaca la relevancia de las emisiones de óxido nitroso (N₂O), un gas de efecto invernadero asociado al manejo de nitrógeno en suelos agrícolas. En términos simples: el exceso o la mala práctica no solo puede “desgastar” la tierra; también deja huella ambiental.

USO DE FERTILIZANTES PER CÁPITA DE ECUADOR

Fuente: FAO  Nota: Cifras reportadas entre 2000 – 2022

Productividad y vulnerabilidad del sistema

Si uno se sienta a conversar con los agricultores del sector arrocero, rara vez lo primero que menciona es “la balanza comercial”. La discusión se centra en precio del quintal, del diésel, del riego, de la mano de obra y, casi siempre, del fertilizante que “ya no alcanza”. Y sin embargo, detrás de esa conversación de campo hay un factor que conecta lo cotidiano con lo nacional: Ecuador sostiene parte de su productividad agrícola con insumos importados, y cada campaña implica una salida de divisas que no siempre vemos, pero que termina reflejada en los costos del cultivo.

Las cifras oficiales muestran que el arroz es un cultivo de relevancia. En 2022, la producción nacional alcanzó los 1,6 millones de toneladas, con una concentración fuerte en provincias de la Costa, donde el cultivo de arroz es empleo, economía local y fuente de alimentación. Esa concentración tiene un doble fin: por un lado, facilita que el país se abastezca; por otro, vuelve más sensible al sistema cuando los insumos suben, porque el golpe se multiplica en miles de hectáreas al mismo tiempo. El agricultor no puede detener el ciclo sin pagar un precio: si no fertiliza cuando toca, la planta lo evidencia en el rendimiento.

Por esto se vuelve importante mirar el costo país. El Banco Central del Ecuador registra importaciones significativas en la categoría “materias primas para la agricultura”, que revelan cuántos dólares se destinan a sostener el aparato productivo del agro. Ese flujo de divisas no es un debate abstracto: cuando el dólar sale, el productor queda expuesto a precios internacionales, transporte, disponibilidad y, en ocasiones, a variaciones de precio que llegan sin aviso. La dependencia se vuelve un riesgo, no porque importar sea “malo” en sí, sino porque la agricultura necesita estabilidad para planificar y el mercado global rara vez ofrece estabilidad de precios.

SUELO = PRODUCTIVIDAD

El desafío estructural del fertilizante

En fertilizantes, esa dependencia es especialmente perceptible. Registros internacionales de comercio, compilados por el Banco Mundial con base en UN Comtrade, reportan importaciones ecuatorianas de fertilizantes por cientos de millones de dólares en los últimos años. Traducido a la realidad ecuatoriana: el saco que llega al distribuidor local ya viene cargado de costos externos. Y cuando sube, el arroz siente el impacto de inmediato, porque el fertilizante es un factor importante del costo por hectárea, sobre todo en sistemas donde la nutrición nitrogenada define gran parte del potencial productivo.

El Ministerio de Agricultura y Ganadería, mediante el Sistema de Información Pública Agropecuaria, sigue la evolución de precios con el Índice de Precios de Fertilizantes, construido a partir de productos de uso extendido como la urea, el fosfato diamónico y el muriato de potasio. Ese índice ayuda a ponerle cifras a lo que el agricultor ya percibe: hay años en los que la campaña se encarece antes de sembrar. Y entonces aparecen decisiones defensivas: reducir dosis, fraccionar aplicaciones por falta de liquidez o aplicar “por costumbre” en lugar de hacerlo con base en un análisis del suelo.

Este es el factor de análisis. En arroz, donde el nitrógeno suele ser protagonista, el riesgo no es solo gastar más, sino perder eficiencia y deteriorar la base que sostiene la cosecha. Ecuador cuenta con normativa para registrar y controlar fertilizantes y enmiendas, a cargo de la Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario (AGROCALIDAD), y dispone de instructivos y trámites públicos para análisis de suelos. Pero el desafío sigue siendo crucial: el control del insumo existe en el papel, mientras el seguimiento de la calidad del suelo, en la vida real, no siempre se realiza. Y sin suelo sano, no hay precio que alcance.

Sin suelo sano no hay producción sostenible

Formar a los agricultores en el papel del nitrógeno y el uso eficiente de fertilizantes es clave para proteger el suelo arrocero, evitar pérdidas y mejorar rendimientos. Se requieren políticas públicas que faciliten análisis y monitoreo de suelos, con datos claros y oportunos para decidir dosis y momentos de aplicación. Paralelamente, impulsar industrias nacionales de fertilizantes reduciría importaciones, salida de divisas y costos.