El presente artículo, propone la hipótesis, de que la semilla que dio origen a la causa independentista en Guayaquil, provino de la circulación y penetración de las ideologías antimonárquicas gestadas en las luchas provenientes del sur del continente y que tuvo en la persona de los fundadores de las armadas de Argentina, Chile y Ecuador, agentes determinantes para su propagación y hostigamiento a las fuerzas del imperio español.
El estudio de la historia previa al episodio final del nueve de octubre de 1820, en uno de tantos ejercicios de sus posibilidades interpretativas, conecta el hecho aislado, a una historia más amplia, acaecida años antes y que permite posicionar que el nueve de octubre tuvo en la geopolítica de los mares, un antecedente que impactó de manera directa en el proceso de independencia continental.
Hoy, a los 206 años de conmemorarse la llamada “aurora gloriosa” que como el himno de la ciudad lo inmortaliza, la independencia del poder español, constituye el primer acto político y soberano en la ribera occidental del continente americano y constituye de igual modo un triunfo del tino diplomático y sagacidad del poeta-estadista José Joaquín de Olmedo, que combinado con las actuaciones de los marinos británicos Brown, Illingworth y Cochrane, funcionales al proyecto emancipador, permitieron que Guayaquil se independice antes que cualquier otro territorio de la costa pacífica.
En línea con lo anterior, continuaremos diciendo, que sin lugar a dudas una de las más versátiles aplicaciones del conocimiento de la historia, es su elasticidad reinterpretativa, aunque en la mayoría de los casos, el aporte de nuevos elementos al hecho o hechos que narran las tesis oficiales, no modifican de manera sustancial las tesis ampliamente conocidas sobre un determinado evento histórico.
Al hablar de geopolítica de los mares, nos referimos a la conexión causal de determinados eventos, en una recomposición y lectura retrospectiva – para comprender que la guerra naval para el caso de la independencia de Guayaquil – fue causa eficiente y factor decisivo para su posterior y exitoso desenlace.
En el presente artículo, pongo a consideración del lector una sola idea, relacionada al alcance continental del nueve de octubre, visto no tanto como punto de partida o irradiación, sino como momento culminante de un plan geoestratégico militar, planificado en el llamado manuscrito Maitland, y que tiene tres antecedentes directos y que pueden concatenarse en un solo hilo conductor, como lo es la difusión de los ideales republicanos en los pueblos que luchaban por la autonomía de sus territorios.
El mar y la vía epistolar, como lo es el internet el día de hoy; eran los medios por donde circulaban los ideales revolucionarios. La conexión interna entre los países del Atlántico y Pacífico era prácticamente nula. En ese estado de cosas, la circulación de impresos de propaganda provenientes de Buenos Aires en favor de la independencia, más que el valor de una mercancía, fueron una bomba de tiempo ideológica.
«La guerra naval fue causa eficiente y factor decisivo para el posterior y exitoso desenlace de la independencia de Guayaquil.»
El proceso revolucionario que arrancó en territorio venezolano, con la influencia de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, por la cual llegaron de Francia los ideales de la Ilustración, y que se vieron coronados con la batalla de Carabobo, tuvo su continuación en la derrota del ejército realista en la batalla del Pichincha, 24 de mayo de 1822 y que se vería completada el 24 de junio de 1824 en la batalla definitiva de Ayacucho.
El otrora gran imperio en cuyos límites jamás se puso el sol, en alusión a Felipe II, para ese momento se encuentra seriamente debilitado producto de las guerras napoleónicas, sumado a otros factores que debilitaron su administración, volviendo insostenible el mantenimiento de sus colonias.
La proclamación de la independencia de Guayaquil, empero, puede seguirse considerando una verdadera gesta, resultado de los esfuerzos aislados y autogestionados de un ejército y armada internacional, que, para la segunda década del siglo XIX, buscaba y en efecto lo consigue, el control del mar del sur para la causa libertaria. Y así como la batalla de Pichincha es un resultado de un proceso que arrancó en el norte del continente, la independencia de Guayaquil, fue el resultado de un proceso que se generó en sus latitudes meridionales.
Los antecedentes en cuestión se centran en el control marítimo que por medio de los experimentados capitanes británicos que sumaron su experiencia al proyecto emancipador continental, fueron desde portavoces de los ideales de la revolución antimonárquica, hasta agentes en la hostilización de las naves españolas fondeadas en el puerto de Guayaquil.
Expedición de Brown
Bajo ese punto de vista, el nueve de octubre se gesta no una o dos semanas, sino más de cuatro años antes, con la expedición organizada por la Junta de Gobierno de Buenos Aires, que envió al almirante Guillermo Brown en febrero de 1816, y cuya misión fue la de asediar a los realistas, portando y difundiendo el mensaje de adhesión a la causa libertaria a los habitantes de Guayaquil.
Al internarse Brown al frente de su goleta en el golfo, encalla por efecto de la marea baja, y quedó a merced de los defensores del puerto, quienes víctimas del engaño de las autoridades coloniales de la época – que difundieron la falsa noticia de que se trataba de un ataque pirata – asaltaron la nave intrusa y dieron muerte a la mitad de su tripulación. Entre los sobrevivientes se encontraba Brown, que fue apresado y puesto a las órdenes de las autoridades.
Sobre este particular citamos a Camilo Destruge, que en su “Historia de la Revolución de Octubre y su Campaña Libertadora”, sobre la expedición de Brown refiere: “El año 1816 fue señalado por un acontecimiento que acaso hubiera podido influir poderosamente para adelantar la independencia de Guayaquil, si hubieran estado advertidos y preparados aquellos que venían ya trabajando sigilosamente en la propaganda de la idea de emancipación, y si las autoridades no hubieran conseguido engañar a los habitantes haciéndoles creer que la ciudad iba a ser víctima de un golpe a manos de piratas”
Por el contrario, el móvil de la expedición queda totalmente evidenciado cuando:
“La Junta de Buenos Aires deseosa de extender más y más el campo de la insurrección armó una expedición bajo el mando de G. Brown, dándole instrucciones para recorrer la costa del Pacífico y animar a los patriotas de aquellas tierras para que proclamaran su independencia”.
La mediación para su liberación le cupo a un joven marino, de nombre José de Villamil, quien intervino en la negociación que permitió al navegante irlandés retornar a casa, no sin antes dejar sembrada la semilla de la revolución de mayo de 1810, que germinaría en la revolución octubrina de 1820, al obsequiar al pueblo guayaquileño, el pabellón celeste y blanco de su embarcación, y que, al momento de su aprehensión, fue la tela con que cubrió su desnudez.
Las expediciones de Juan Illingworth y Thomas Cochrane
El segundo y tercer antecedente, lo constituyen el sagaz e intrépido accionar de los capitanes Juan Illingworth y Thomas Cochrane, que al mando de la corbeta “Rosa de los Andes”, para el caso del primero, propinó importantes reveses a las naves españolas. La corbeta adquirida en Inglaterra, armada con 36 cañones y de gran maniobrabilidad, fue la primera nave de la armada chilena.
Finalmente, para completar el ciclo de las actuaciones de la marina al servicio de la causa patriota en los mares del sur, emerge la figura de Lord Thomas Cochrane, quien llegó a estas tierras a prestar su contingente en las luchas por la independencia, luego de responder a un aviso clasificado de un diario inglés, en el que se requerían los servicios de un marino profesional para tal propósito.
El año de 1819 fue muy agitado en ese sentido, puesto que primero Illingworth, a inicios de ese año, apresó a la fragata «Tres Hermanas» y posteriormente Cochrane, el 25 de noviembre, una vez que entra a la desembocadura del río Guayas, al mando de las fragatas O Higgins y Lautaro, captura y suma a la flota rebelde a las goletas realistas “Begoña” y “Aguila”. Las goletas capturadas fueron destinadas a Callao y luego a Valparaíso una vez que el almirante Cochrane delegara para tal efecto al oficial Jorge Guisse.
Es pues un hecho sumamente significativo, que el bautismo de fuego de las incipientes escuadras navales que se estaban armando a inicios del siglo XIX, hayan tenido activa participación en las luchas de independencia, y con Guayaquil, como su punto de convergencia, convirtiéndola en el puerto clave en el teatro de operaciones navales insurgentes, y siendo escaparate donde actuaron los almirantes, a la postre fundadores de las armadas de cuatro naciones suramericanas a saber, la de Argentina (Brown), Chile (Cochrane), Perú (Guisse) y Ecuador (Illingworth).
Fuentes: Terragno, R. H., Maitland and San Martín; Destruge, C. (1982), Historia de la Revolución de Octubre y Campaña Libertadora 1820–1822. Banco Central del Ecuador.
