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¿INTELIGENCIA ARTIFICIAL PARA UNA MAGNIFICA HUMANIDAD?. Comentarios sobre la Encíclica Magnifica Humanitas

La 5ta revolución industrial, la de la inteligencia artificial, ha despertado un sinnúmero de opiniones y predicciones sobre el futuro de la humanidad y sobre los límites que debemos autoimponernos como sociedad para mantener al hombre, a la persona humana, en el centro de la historia.

A las voces que indican que la inteligencia artificial va a traer crecimiento económico medido por el PIB, un 7.5% en promedio dicen, el premio Nobel de Economía, Daron Acemoglu, poco creyente en milagros, nos desencanta indicando que eso está lejos de ocurrir. Hoy el uso masivo de IA es solamente para tareas repetitivas y operativas, pero y más peligroso para labores en donde se utiliza un mínimo de pensamiento creativo e innovador. Si así lo usamos, es tentador usarlo en aspectos más relevantes abandonando la natural innovación como medio para resultados económicos favorables.

Hay voces que indican que fuentes de empleo se van a perder masivamente y serán reemplazadas por robots guiados por IA, y la evidencia reciente parece darle la razón: Las grandes empresas de tecnología en el mundo redujeron su nómina de empleados fuertemente para dar paso a esta nueva dinamia. Sin embargo, las predicciones de la OCDE no muestran un reemplazo fuerte por lo menos en el corto plazo.

Las voces más preocupadas tienen que ver con la conexión entre el uso de la tecnología en perjuicio de las personas, de nosotros, de la humanidad. Y allí, la voz del Papa León XIV ha resonado fuerte en los medios y redes sociales, a través de su primera encíclica Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad).

Esta encíclica, que consta de una introducción y 5 capítulos, revisa principalmente el tema de la IA pero también los valores fundamentales que deberían ser parte de nuestras sociedades si queremos un mundo diferente al actual.

El Papa León empieza cuestionando cual es el tipo de mundo que queremos: ¿una Torre de Babel?, en donde al final cada uno habla su propio idioma, y es incapaz de entenderse con otros para construir un mejor futuro. ¿O queremos reconstruir nuestras sociedades como los judíos reconstruyeron los muros de Jerusalem a través de un lenguaje y visión común y solidaria?

EL FUNDAMENTO: LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Luego nos resume el largo camino de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), a través de enclíclicas, declaraciones y exhortaciones, inaugurado por el Papa León XIII con su encíclica Rerum Novarum. En ese camino todo gira alrededor de la dignidad de la persona humana: el empleo como bien fundamental, el salario justo, las asociaciones de trabajadores, la necesidad de un estado de derecho sólido, los derechos y deberes fundamentales, el desarrollo económico para todos, y además que sea sostenible.

Los principios de la DSI que tienen su base en la dignidad de la persona humana, son los antecedentes para tratar el actual tema de la IA y su impacto en la comunidad de hombres y mujeres de hoy. Estos principios son:

El principio del Bien Común, que consiste en “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”. Y esto se construye si a pesar de nuestras diferencias ideológicas y pragmáticas, tenemos un proyecto compartido. Los gobiernos deben garantizar esta unidad de visión, para permitir que todos contribuyamos en una sociedad.

El principio del destino universal de los bienes nos recuerda que todos los bienes sirven para sostener la vida de todos y de las futuras generaciones. La IA con sus nuevas formas de propiedad (datos, algoritmos, plataformas) en manos de pocos, pueden marcar un desequilibrio que contradiga este principio.

El principio de subsidariedad “según el cual aquello que pueden hacer las personas, las familias, las comunidades locales y los cuerpos intermedios no debe ser absorbido por instancias superiores”. Es decir, no se trata de acciones paternalistas o de asistencia social, sino de generar un clima en donde todos puedan tomar las decisiones al nivel más cercano, y para ello el Estado deben garantizar reglas justas y transparentes para que todos puedan participar. La crítica a la revolución de la IA es que el Estado está siendo sustituido por grandes actores económicos y tecnológicos que pueden definir condiciones de acceso poco transparentes para todos. Los Estados entonces deben regular para garantizar reglas y mecanismos de protección para que las comunidades puedan ser corresponsables del bien común.

El principio de solidaridad basado en la fraternidad humana, sirve para unir “a los hombres y a los pueblos entre ellos”. Y no es “solamente una aspiración interior… sino una forma social y política que se ha de encarnar en decisiones… compartidas”. Por lo tanto, el llamado es a que las decisiones que se toman en IA sobre datos, algoritmos y plataformas tengan en cuenta el impacto en el futuro de las personas.

Finalmente, el principio de la justicia social, que es la “capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos –y en particular a los más frágiles- vivir de manera realmente humana, sin que ninguno se quede atrás…” Por eso en tiempos de IA, el orden social “es aquel que garantiza a todos un acceso igualitario a las oportunidades, protege a los más pequeños y a los más frágiles, se opone al odio y a la desinformación, y somete a control público el uso de los datos y de las tecnologías…”

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y SU PODER

Aunque el Papa hace algunas interesantes reflexiones sobre el paradigma de la eficiencia y del lucro, el poder digital como acelerador de este paradigma, y sobre el significado mismo de la IA, quiero concentrarme en algunas alertas que nos señala sobre el uso privado de estas tecnologías.

Muchos usamos cualquier plataforma de IA porque nos ofrece a) una facilidad para llegar a un resultado b) una impresión de objetividad y certeza c) una simulación de comunicación humana.

Los riesgos de estos 3 aspectos son que pueden acostumbrarnos a delegar demasiado y buscar respuestas rápidas; a asumir que estas respuestas son correctas, y no percatarnos que son el reflejo de los parámetros y datos (y sesgos) que tienen para respondernos; y, tener la falsa impresión que nos estamos comunicando, máximo cuando lo usamos como “consejeros” sobre aspectos de decisión sobre nuestras vidas.

La combinación de estos riesgos, pueden simplemente engañarnos y hacernos fracasar, sea en nuestro ambiente familiar o profesional.

Pero los riesgos principales están cuando lo usamos en procesos que inciden en la vida de las personas. Estos se magnifican cuando son usados por empresas y organizaciones para tomar decisiones que pueden afectar “sus derechos, oportunidades, reputación y libertad…”

En esta línea hace una crítica frontal a usar sistemas de IA, que, a través de sus algoritmos, tengan el poder de seleccionar a una persona para un empleo, un crédito bancario o una oportunidad educativa o social. Lo que se pide es que al final, sea la persona quien pueda decidir basada en la información, pero también en la empatía con la persona. Si usamos masivamente estas opciones, tenemos el riesgo de generar muchos excluidos y muchas injusticias.

Y también hay un gran riesgo como sociedad, que “pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio…” O también la IA como lógica de carrera armamentística, buscando el algoritmo más eficaz para consolidar ventajas geopolíticas.

Por ello, el documento recomienda fuertemente que es necesario regular y reglamentar muchos aspectos de la IA empezando con la propiedad de los datos. Propone “desarmar la IA”, no para huir de la tecnología, sino para que no sea quien domine en ciertas circunstancias. El Papa señala que “… no basta invocar genéricamente la ética; se necesitan marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios, una política que no renuncie a su tarea…”

EL RIESGO PRINCIPAL: LA COMUNICACIÓN Y LA EDUCACION

En el capítulo 4to de la Encíclica es en donde encuentro las mayores contribuciones para que personas, educadores, empresas, universidades y gobiernos tomen decisiones para preservar la esencia de la persona y dignidad humana.

Pone el principal riesgo en perspectiva: “Herramientas que podrían favorecer el debate y la participación se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones. La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador. La posibilidad de manipular contenidos, imágenes y videos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o engañosas…”

Es decir, el riesgo está en generar una “verdad” que es sesgada e interesada, y que nubla un elemento esencial para las sociedades.

Por ello sugiere una Alianza Educativa para la era digital: políticos, instituciones educativas y padres de familia deben proteger a las nuevas generaciones, para no ser manipulados y sufrir los efectos perjudiciales que han ocasionado el uso intensivo de smartphones en niños y jóvenes. Aunque reconoce que la rapidez de la tecnología impide un ajuste rápido en los esquemas educativos, aboga por una regulación que “hagan más transparentes los criterios con los que se seleccionan y amplifican los contenidos y que protejan los datos personales…” Pero también pide por periodistas más serios que verifiquen antes que reaccionar; una nueva conciencia educativa en escuelas y universidades, para el uso crítico y correcto de la IA.

En el mundo educativo, señala 3 retos:

  1. Reto Sociopolítico. La necesidad de apoyar a los sistemas públicos y privados que dan este servicio de educación, para que ofrezcan acceso adecuado a una educación de calidad.
  2. Reto Pedagógico. La IA está ocasionando que los planes de estudios se conviertan rápidamente en obsoletos. Por lo que hay que replantear la organización, los métodos y a los mismos docentes, a quienes debe brindarse hoy más que nunca formación continua que los mantenga actualizados.
  3. Reto Intelectual. Dos aspectos: la gran cantidad de información disponible pueden hacer que se sustituyan la investigación y el análisis y reflexión; y, puede ser una generación que “saben muchas cosas pero tienen dificultades para dar un sentido a su vida…”

EL TRABAJO Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La Encíclica trata sobre esta realidad (trabajo e IA) que es la más comentada y analizada por educadores, empresarios y políticos.

Parte de la premisa que hay que proteger a los trabajadores de toda forma de explotación, y que el desempleo es un mal grave, según San Juan Pablo II. Y eso lo menciona porque es indudable que la IA está transformando rápidamente las estructuras laborales, con la promesa que traerá más beneficios que costos para todos.

Pero advierte que la IA puede “paradójicamente des-especializar a los trabajadores, someterlos a una vigilancia automatizada y relegarlos a tareas rígidas y repetitivas…”, y en cierto sentido atentar contra la propia capacidad de innovación del trabajador.

Estamos viviendo una transición, en donde no hay un modelo único porque las sociedades tienen sus propias particularidades y culturas. Existen sociedades prósperas y sociedades en “donde el trabajo humano mal remunerado y las tecnologías parciales conviven sin llegar a transformarse realmente”. Por ello es que siendo el acceso al trabajo un tema prioritario de política laboral en todos los países, se requiere en esta transición que las políticas públicas consideren 3 criterios para gestionar esta transformación digital que se mira irreversible:

  1. “… toda introducción de automatización y de IA debería ir acompañada de medidas verificables de protección del empleo, de re-cualificación y de participación de los trabajadores…”
  2. “… es necesario que las políticas activas hagan accesibles a todos la formación continua y las transiciones profesionales, sin descargar sobre los individuos todo el coste de la adaptación…”
  3. “… se necesita una responsabilidad empresarial que incluya la calidad y la dignidad del trabajo entre los indicadores de éxito…”

LA ECONOMIA EN TIEMPOS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Para quienes creemos que la libertad económica puede ser un driver importante para el desarrollo económico, el Papa hace un llamado urgente a los tomadores de decisiones económicas y financieras, con la premisa de que “… la libertad económica no es absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y de la dignidad de cada persona…”

Pero luego interpela los pensamientos comunes que tenemos sobre el funcionamiento de la economía, y citando al Papa Francisco nos advierte “acerca de una libertad económica proclamada solo de palabra, mientras que las condiciones reales impiden que muchos se beneficien de ella..” Por lo tanto, es el crecimiento inclusivo, y la medición nueva de desarrollo económico (que supere 80 años del concepto del PIB), los que ayudarán a definir prioridades en la agenda legislativa de los países.

El desarrollo financiero de los mercados debe continuar centrado en el crédito como función social para crear empleo y emprendedores; y la creación de valor debe considerar los aspectos de justicia social y redistribución de forma paralela. No basta el antiguo concepto de crear valor para luego redistribuirla.

En esa línea “en la era de la IA y de la robótica, ya no es posible confiar únicamente en la “mano invisible” del mercado: la política tiene la tarea de orientar las dinámicas económicos-tecnológicas hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno, la inclusión social y una distribución equitativa de los beneficios de la innovación”.

Tecnología con sentido humano

Hay muchos otros temas que menciona la encíclica que podrían ser revisados, como por ejemplo el impacto de la IA y la revolución tecnológica en los jóvenes: desempleo juvenil, explotación (modelos que prosperan a costa de la debilidad de los jóvenes), control social (profiling) y sesgos que socavan la libertad de empleo o crédito, y sobre las cosas que las empresas y gobiernos pueden hacer en sus políticas internas y nacionales para proteger a la juventud, pero lo dejaremos para un artículo posterior.

Hace unas semanas, Elon Musk se convirtió en el primer trillonario de la historia con su IPO de su compañía Space X. Los analistas dicen que es el nuevo mundo que se inaugura: inversionistas que demandan una acción de una empresa que todavía no produce lo suficiente, pero que tiene el potencial de desarrollar actividades innovadoras que pueden ser la norma más adelante: data centers para IA instalados en el espacio, viajes y explotación de minerales en otros planetas, comunicación celular satelital accesibles para todos, entre otros.

Es un mundo en transición, y sobre todo a una velocidad nunca vista en innovación. Conviene que las organizaciones y sobre todo los gobiernos tomen control del proceso, no se conviertan en meros testigos, sino que a través de sus regulaciones atrapen el valor de esta transformación en beneficio directo de las personas que quieren reconstruir muros y no torres en donde nadie se entiende ni gana. Y una buena forma de hacerlo es tener claros los valores fundamentales que nos acompañan como seres humanos. Por eso, en tiempos de velocidades altas, una lectura de Magnifica Humanitas es necesaria, para creyentes y no creyentes.