Cada vez se habla más de que estamos viviendo un nuevo boom de los metales, lo que es una gran oportunidad para Latinoamérica y particularmente también para Ecuador, porque se está incrementando la demanda de metales y minerales que se producen principalmente en Latinoamérica, debido a toda esta fuerza de la transición verde o energética. De hecho, la región ya provee hoy entre el 35% al 40% del cobre que se consume en el mundo, el cual se usa para cables, turbinas eólicas, entre otros. También provee la plata que se usa en paneles solares. Y por si fuera poco, esta demanda se está acelerando por los nuevos centros de datos que la IA exige.
Solo quiero hacer mención que en alimentos, Latinoamérica tiene suficientes granos, animales, café, azúcar, y más alimentos, para la población global. Y es en cierta forma inmune a las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y otros actores globales como China, que hacen que se busquen sitios de inversión mucho más neutrales.
Pero, la experiencia de Latinoamérica y de nuestro país con los commodities y las materias primas ha sido accidentada. Hemos sido dependientes de los movimientos del mercado y sus precios y eso se ha convertido en un problema. La riqueza y pobreza en nuestros países también ha motivado mucha inestabilidad política en términos de gobiernos, empoderamiento del populismo, golpes de estado, crimen y corrupción, etcétera. El PIB per cápita en la región no alcanza al PIB per cápita de Estados Unidos, y la desigualdad es sustancialmente mayor.
“La pregunta de fondo es si seremos capaces de manejar este nuevo boom o volveremos a caer en los errores del pasado.”
3 Drivers para Latinoamérica
Hay tres fuerzas que empujan una ventana de oportunidad para Latinoamérica: 1) la transición verde y la revolución de la inteligencia artificial; 2) la creciente y sostenible demanda de alimentos; y, 3) finalmente, la geopolítica.
En este artículo trataremos principalmente sobre esta primera fuerza: la de la transición verde y la IA, que parece ser más sostenible que la demanda de petróleo y de carbón. Y es, así mismo, una transición que está en todas partes, pues todos hablamos de sostenibilidad ambiental y sobre todo requiere inversión durante muchas décadas.
Las tecnologías limpias están ganando espacio y demandan minerales que las tecnologías contaminantes demandan menos.
Por ejemplo, un carro eléctrico requiere 3 o 4 veces más cobre que un vehículo a gasolina (80kg vs 20kg), o instalar un megavatio de capacidad en generación eólica requiere seis veces más metales que una planta de generación de gas. Si no hubieren nuevas inversiones, se estima un déficit de 6 a 10 millones de toneladas de cobre por año hacia el año 2035.
Latinoamérica posee las grandes reservas: Chile y Perú tienen el 35% de las reservas mundiales de cobre (290 millones de toneladas de un total mundial de 980 millones); en litio, la región tiene el 60% de los recursos identificados a nivel mundial, y en producción minera representa el 35%; Bolivia es el líder en estaño para componentes eléctricos y Brasil en grafito para baterías. Los metales y minerales son también mucho más fáciles de extraer en Latinoamérica y existe una infraestructura relativamente buena en puertos y carreteras comparada con Asia y África.
La minería es un proceso intensivo en energía, pero Latinoamérica está caminando hacia una energía más barata, ya sea hidroeléctrica, eólica o mediante proyectos de hidrógeno verde como los de Chile para 2030. Incluso en hidrocarburos, la región sigue siendo un jugador global; sus reservas podrían incrementarse a 11 millones de barriles diarios hacia el 2030, similar a lo que tiene Arabia Saudita.
La segunda fuerza es la demanda de alimentos presionada por el crecimiento poblacional. Se dice que esta demanda tendrá una larga vida; tendremos una clase media que llegará seguramente a 6,000 millones de personas para el 2030.
Hoy Latinoamérica es el exportador más grande del mundo en términos de comida, proveyendo, por ejemplo, el 60% de la soya que se comercializa globalmente liderada por Brasil, Argentina y Paraguay.
China importa soya para alimentar a sus 450 millones de cerdos y la región provee más del 30% de la oferta mundial de maíz, carne, pollos y azúcar. Se espera que las exportaciones crezcan hasta un 17% para alcanzar los 100 mil millones de dólares.
La tercera fuerza es la geopolítica, ya que Latinoamérica es relativamente neutral, pacífica y abierta a la inversión, además de estar cerca de los centros de producción de Norteamérica. Incluso la regulación en Estados Unidos (Inflation Reduction Act) establece metas escalonadas al 2027 para requerir que hasta un 80% de los minerales críticos para baterías de vehículos eléctricos sean extraídos o procesados en EE. UU. o en países con acuerdos comerciales, como Chile, Perú y México. Por lo tanto, hay que explotar esta gran oportunidad.
Pero volviendo a la demanda de metales y minerales, se necesita una inversión entre $100,000 y $250,000 millones de dólares para satisfacer la demanda mundial de cobre de los próximos 20 años y de $35,000 a $50,000 millones de dólares para el litio.
Latinoamérica fue la región en donde más se invirtió el año pasado para la exploración de metales verdes. Sin embargo, el ritmo de desarrollo de las minas no es el mejor debido a obstáculos internos.
Los proyectos mineros pueden afectar al medio ambiente, lo que mueve a activistas, políticos e incluso a las cortes, demorando las aprobaciones. Chile, que era un ejemplo de eficiencia, pasó de un promedio de aprobación de 140 días a más de 300-500 días, aunque sigue siendo un tiempo razonable para el nivel de inversión requerido.
Los inversionistas necesitan certeza legal, algo que no siempre es lo mejor que ofrece la región. Los gobiernos buscan más valor en sus materias primas imponiendo más reglas y tributos, lo que ralentiza la inversión. Un tema importante es que Latinoamérica educa a pocos ingenieros e invierte cerca del 0.6% de su PIB en investigación y desarrollo, mientras que los países desarrollados (OCDE) invierten el 3.5%.
¿Y qué pasa en Ecuador?
En un reciente conversatorio en la Universidad Espíritu Santo, expertos económicos junto con la Cámara de Minería destacaban el enorme potencial que tiene el país en explotación minera. Ecuador podría ser un jugador mundial (entre los 5 mayores productores de cobre por ejemplo). Solo el proyecto Cascabel tiene una extraordinaria perspectiva en cobre y plata. Otros proyectos como Mirador y Cangrejos se avizoran como de éxito. Y por supuesto todas las inversiones potenciales en minería serían un gran apoyo para las finanzas públicas y el empleo.
“Ecuador podría convertirse en un jugador mundial de la minería, pero el verdadero desafío será transformar su extraordinario potencial en inversión, empleo y desarrollo.”
Esto ya nos lo había indicado hace un par de años el Banco Mundial en su reporte “Ecuador: Crecimiento resiliente para un futuro mejor” (verdadera hoja de ruta para nuestro desarrollo económico).
Sin embargo, en el país la política minera va a “paso de tango”, o quizá de forma más nuestra a ritmo del “pasito tun tun”, en donde damos un paso para adelante y otro para atrás. La exploración sigue en desarrollo y solo una pequeña fracción del territorio nacional ha sido muestreada minuciosamente. La parálisis es causada por la protesta de las comunidades e incluso por la acción de las cortes, que hace que la decisión política sea muy complicada; pero también por el lento avance en la regulación. Esto se refleja en que los proyectos mineros estén «durmiendo el sueño de los justos».
Debemos entender que la minería es una gran oportunidad que estamos dejando pasar ante nuestros ojos sin mostrar capacidad de reacción.
¿Qué hacer?
Algunas ideas para una breve hoja de ruta
Una de las primeras cosas que debemos hacer es esforzarnos en construir un gran acuerdo nacional con todos los actores sociales, políticos y económicos, tratando de crear consensos y soluciones de los “puntos de dolor” que genera esta actividad. Solo de esa forma generaremos políticas públicas estables que fomenten al sector.
Urge una reingeniería de la regulación, y no únicamente en esta área. Y un control eficiente de los proyectos mineros, que busque favorecer al inversionista formal y eliminar o limitar minería ilegal.
Las estrategias de comunicación de las empresas mineras y de los reguladores deben destacar sobre todo el gran impacto de los programas sociales y de responsabilidad social y ambiental que realizan las mineras.
Si no nos esmeramos en cambiar nuestro destino, seguiremos siendo espectadores de los booms que han ocurrido en nuestra región: el de la Inversión extranjera directa y privatizaciones (90’s a 2000), el del crédito barato (2010 al 2020), el de los TLCs (2000 al 2010), y volveremos a la única preocupación de los últimos 10 años, que no genera crecimiento económico y bienestar: ¿Cómo financiamos el déficit fiscal?
Ecuador tiene que actuar sabiamente si quiere explotar sus recursos e incrementar sus ingresos. Con el enfoque correcto y voluntad política, podríamos tomar un liderazgo y aprovechar esta oportunidad histórica para transformarnos a nosotros mismos, y parafraseando a Mandela- ser “amos de nuestro destino, y capitanes de nuestra alma”.
