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EL VALOR DE LAS HUMANIDADES EN UNA CULTURA DE LA LEGALIDAD

Este artículo explora la relación entre la cultura de la legalidad y las humanidades, destacando cómo disciplinas como la psicología, las artes y la educación contribuyen a la formación de ciudadanos críticos, empáticos y comprometidos con la convivencia democrática. A partir de las reflexiones de José Antonio Marina, se plantea que las humanidades fortalecen la calidad social y política, promueven la ética para la paz y ofrecen herramientas para enfrentar los retos del futuro. La Facultad de Humanidades de la Universidad Espíritu Santo, se presenta como el espacio idóneo para articular estos saberes y consolidar una ciudadanía activa, que viva la legalidad como práctica cultural y ética compartida.

La cultura de la legalidad constituye hoy un desafío central para las sociedades que buscan consolidar democracias inclusivas y sostenibles. No se trata únicamente de cumplir normas jurídicas, sino de comprenderlas como parte de un entramado ético y cultural que orienta la convivencia.

En este sentido, la Facultad de Humanidades desde sus Escuelas de Psicología, Artes y Educación, ofrece un espacio privilegiado para pensar la legalidad más allá de lo normativo, situándola en el horizonte de la formación ciudadana, la construcción de paz y el reconocimiento del otro. La universidad, como lugar de encuentro y reflexión crítica, tiene la responsabilidad de articular estos saberes en propuestas educativas que fortalezcan la ciudadanía y promuevan una ética compartida.

La cultura de la legalidad suele asociarse con el respeto a las leyes y la institucionalidad. Sin embargo, cuando se la vincula con las humanidades, adquiere una dimensión más amplia: se convierte en un ejercicio de comprensión de la condición humana, de sus conflictos y posibilidades de transformación.

El filósofo José Antonio Marina enfatiza que “el valor de las humanidades radica en su capacidad para mejorar la calidad social y política, desarrollar empatía y comprensión, y formar ciudadanos preparados para enfrentar los retos del futuro”1 . Estos retos trascienden los límites de la formación profesional básica, se enmarcan en el desempeño propio de cada individuo y en cómo ese acto profesional se decanta en las acciones del diario vivir.

Asimismo, Marina recuerda que “el pensamiento crítico es nuestra defensa contra la manipulación y el fanatismo”2. Esta afirmación refuerza la necesidad de que las humanidades se integren en la formación universitaria como un antídoto frente a la desinformación y la polarización, elementos que erosionan la cultura de la legalidad y debilitan la convivencia democrática. En este sentido, La Facultad de Humanidades, en su ejercicio académico, destaca los siguientes aportes:

  • Desde la psicología, la cultura de la legalidad se relaciona con la construcción de subjetividades capaces de reconocer límites, asumir responsabilidades y desarrollar empatía.
  • Desde las artes, la legalidad se expresa en la capacidad de imaginar mundos posibles y de cuestionar las estructuras que perpetúan desigualdades.
  • Desde la educación, la cultura de la legalidad se convierte en práctica pedagógica que fomenta el pensamiento crítico, la ética para la paz y la ciudadanía activa.

La propuesta de formación que surge desde la facultad de humanidades integra estos tres ejes. Se trata de un proyecto que no solo instruye en contenidos, sino que habilita experiencias de encuentro con el otro, reconociendo la diversidad como riqueza y la diferencia como oportunidad de aprendizaje. La cultura de la legalidad, en este marco, se convierte en un puente entre lo normativo y lo humano, entre la ley y la ética, entre la ciudadanía y la alteridad.

Conclusiones

La relación entre cultura de la legalidad y humanidades nos invita a pensar la universidad como laboratorio de ciudadanía. En un mundo marcado por la polarización y la violencia, las humanidades ofrecen la posibilidad de cultivar una ética para la paz que trascienda los códigos jurídicos y se arraigue en la vida cotidiana. La legalidad, entendida como práctica cultural, requiere de ciudadanos críticos, sensibles y comprometidos con el bien común.

El desafío es, entonces, formar generaciones que comprendan que la ley no es un límite impuesto desde fuera, sino una construcción colectiva que garantiza la convivencia y la dignidad. La psicología, las artes y la educación se convierten en pilares de esta tarea, pues permiten que la legalidad se viva como experiencia de encuentro, diálogo y reconocimiento mutuo.

En última instancia, la cultura de la legalidad vinculada a las humanidades nos recuerda que la paz y la ciudadanía no se decretan: se construyen día a día, en las aulas, en los espacios comunes y en las relaciones humanas. La Universidad Espíritu Santo, al asumir este compromiso, se convierte en agente transformador que siembra en sus estudiantes la convicción de que la legalidad es inseparable de la justicia, y que la justicia solo es posible cuando se reconoce la humanidad del otro.

  1. Marina, J. A. (2010). Las culturas fracasadas: El talento y la estupidez de las sociedades. Anagrama ↩︎
  2. Marina, J. A. (2018). Biografía de la inhumanidad: Historia de la crueldad humana. Ariel. ↩︎